miércoles, 29 de marzo de 2017

R.I.P. José Manuel Fernández Rodríguez



Pepe, el cuarto de pie por la derecha, cuando jugaba en el Arenas

Así te recordaremos, con tu eterna sonrisa

Con unos días de retraso me llega la triste noticia del fallecimiento de este amigo entrañable y un enamorado de Cacabelos hasta la médula. La última conversación telefónica que mantuvimos el pasado mes de febrero, me dejó la terrible sensación de ser una despedida, como fatalmente así se ha confirmado.
Murió en Madrid a los 85 años de edad. La infancia y los primeros años jóvenes de Pepe -Pepe Macurro-  transcurrieron en Cacabelos donde sus padres regentaban el famoso Bar América.  A los 16 años se trasladó la familia a vivir a Vigo. Nunca dejó de mantener contacto con el Bierzo y con su pueblo. Regresaba siempre que podía, incluso trabajó una temporada en la vecina Ponferrada antes de trasladarse a Madrid para fijar allí su residencia definitiva. En la capital de España se convirtió en un empresario de reconocido prestigio.
Su familia era su razón de vivir: Carmina –su mujer-, sus hijos Pepín y Telmo y, estos últimos años, el pecho se le ensanchaba al hablar con merecido orgullo de sus nietos que tantas satisfacciones ya le proporcionaban.
Cacabelos era otro gran amor. Aquí disfrutaba con los buenos amigos que conservaba; algunos, compañeros de los equipos de fútbol en los que militó en los años jóvenes. Amor éste que compartía con el Atlético de Madrid. Pepe era un colchonero incondicional y supo trasmitir la pasión por ese club madrileño a toda la familia.
D.E.P.
Con sus hijos y nietos en una de las últimas imágenes

Ver 

Telmo Fernández, un científico y músico con sangre cacabelense

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (CCLXIII)





MUJERES EN UNA ESCALERA
Por Antonio Esteban González
 
El título del artículo de esta semana en la que presentamos una nueva foto, bien podría ser empleado por Pedro Almodóvar para uno de sus filmes, como fue MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS que es el título de una de las primeras películas del director manchego. Si le interesa, se lo ofrezco. Solamente falta el guion y, eso, lo prepara Pedro en un par de días.
Esta fotografía, con el valor sentimental que tienen las fotografías de ayer, seguramente fue tomada el día en que la niña que está en brazos de su madre, iba a ser cristianada con el traje de cristianar -valga la redundancia-  porque así se le llamaba al traje con el que eran bautizados los recién nacidos. Hoy, las modas han cambiado y las modas son otras.
Se advierte con claridad que la foto tiene, largamente, más de medio siglo. Se ve en los peinados, en los trajes de chaqueta de las señoras y hasta en el maquillaje con un perfilado de labios pasado de moda.
Miren -y admiren-  los peinados, sobre todo el que luce la señora que está a la derecha de la foto:  es  un  antiguo  peinado  muy  semejante  al  célebre “¡ Arriba España ¡” que estuvo de moda en los años cincuenta y, al mismo tiempo admiren los trajes de chaqueta que, casi siempre se complementaban con camisas blancas o el complicado vestido de la orgullosa mamá que, por cierto, había sido confeccionado por ella misma.
Una foto, pues, típica del siglo pasado que es como si dijésemos de anteayer.
Ellas eran Rosa, Carola y Nieves, tías de Mundo, el ebanista; Herminia, madre de Gelín que trabajó en Caja Rural; Avelina que, afortunadamente, aún vive y luce espléndidos noventa años; Josefa, la mujer de Turo y, naturalmente, María José, la hija de Avelina que acababa de ser bautizada.
Una foto, -escribía más arriba-  de ayer que, vista con ojos de hoy, nos lleva, con nostalgia, al siglo pasado.

martes, 28 de marzo de 2017

Cacabelos en la prensa

 El Bierzo Digital

 Un galgo cacabelense, el ‘más bello’ de la feria de Perros de Camponaraya 

Productos del Bierzo

Salsa Chimichurri de Casa Maite

Cierra uno de los comercios más emblemáticos de Cacabelos: Calzados Carballo “La Carretona”




Con el cierre de Calzados Carballo “La Carretona” Cacabelos en general y la Plaza Mayor en particular pierden uno de los comercios más emblemáticos de los últimos setenta años.
Varias generaciones de cacabelenses y de pueblos de la zona se calzaron en ese establecimiento que dirigieron Antonio Carballo García y su mujer Celia González Puerto. Era este un matrimonio que complementaban sus personalidades a la perfección a la hora de atender al cliente: la de Celia, acompañada por su amabilidad, dulzura y paciencia, se sumaba la aparente seriedad de Antonio que destilaba socarronería e ironía. Son varias y muy divertidas las anécdotas suyas que se cuentan.
Fue este un comercio en el que, creo recordar, trabajaron hasta tres empleadas a la vez.  Conchi Vázquez ha estado al cargo los últimos años, incluso después del fallecimiento de Antonio y Celia, manteniendo la amabilidad y seriedad –Precio fijo anunciaba un letrero del interior-, emblemas de la casa.  Se abastecía de un gran almacén situado en la calle Santos Rubio y contaba con un viajante –hoy se llamaría delegado comercial- que se encargaba de visitar a clientes de la provincia y otras limítrofes.
Imagen de 2016. La liquidación total anuncia el cierre
Seguramente muchos recordaréis con cierta nostalgia las botas Gorila que adquiríamos allí y la pelota de goma de regalo que acompañaba a cada par. Y quizá también tendréis en la memoria unas pegatinas anunciando en los cristales de la puerta un calzado o medias ASTA. Censurábamos en la niñez lo que nos parecía una falta de ortografía: don Marcelino nos había enseñado que la preposición hasta siempre se escribe con h.  
Anuncio en el programa de Pascua de 1941

Calzados Carballo era el nombre oficial al que se le añadía “La Carretona”, apodo heredado del abuelo, Ángel García, un gallego que después de recorrer cientos de ferias en una carreta (una carretona) cargada de hilos, bramantes, botones… se aposentó en Cacabelos.
Poco a poco el paseo por los soportales de la Plaza Mayor ha dejado de ser aquel que conocimos desde la niñez. Uno tras otro han ido echando el candado los comercios de “toda la vida”. En esos mismos que ahora quedan huérfanos de la zapatería, se sucedían por un lado la frutería de Pili Folgueral, la droguería de Rafael, los comestibles de Maruja la de Carín, Herminio y, ya en la esquina, Amanda. Por el otro lado y después de Cruz estuvo la ferretería de Manuel Ovalle que mantuvieron abierta sus hijas hasta la jubilación.
Ahora llega al menos una buena noticia. En los próximos días se abrirán de nuevo las puertas de esta última –ferretería Ovallle- con el traslado a ese local de Bicibelos.


 Las estanterías repletas en otras épocas, fueron vaciándose en los últimos meses.