martes, 11 de agosto de 2026

Charla sobre el eclipse en el patio del Consejo Regulador

 


A partir de las nueve de la noche de hoy y en el patio del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo situado en el Campo de San Bartolo de Cacabelos, ASASBI (Asociación Astronómica del Bierzo) hará una presentación audiovisual y posterior charla explicativa sobre el eclipse de mañana y la manera de observarlo de forma segura.

A continuación, se podrá disfrutar de la observación del cielo nocturno con telescopios. Se entregarán gafas homologadas hasta fin de existencias.

Fiesta de hinchables en las piscinas municipales de Cacabelos: 12 y 13 de agosto

 


lunes, 10 de agosto de 2026

Quilós vive su día grande honrando a San Lorenzo (Fotos y vídeo)

 

Procesión y misa solemne en la mañana de este lunes cuando Quilós vive su día grande honrando a San Lorenzo.

San Lorenzo murió mártir en Roma el 10 de agosto del año 258 después de Cristo, durante la persecución contra los cristianos desatada por el emperador Valeriano. San Lorenzo es uno de los mártires más venerados desde hace muchos siglos, no solo en Quilós sino en el conjunto de la cristiandad. Los relatos de su martirio cuentan que Lorenzo murió quemado en una parrilla. El santo ha sido representado históricamente, por esa razón, portando este elemento y es reconocido como el santo patrón de los cocineros, chefs y dueños de restaurantes.

VÍDEO

 

 

FOTOS

Altar mayor de la iglesia parroquial de Quilós

San Lorenzo








Cacabelos, centro de atención mundial en el eclipse de 1912 (2). Así vivió el eclipse de Cacabelos Roso de Luna

 

Mario Roso de Luna

Narra Roso de Luna en su libro “El tesoro de los lagos de Somiedo” lo vivido en Cacabelos los días previos al 17 de abril de 1912, el propio día 17 y los posteriores. Este abogado, masón, teósofo y escritor no quiso perderse aquel acontecimiento astronómico conocido como El eclipse de Cacabelos.

Dejemos hablar a Roso de Luna:

por mi calidad de astrónomo-filósofo, sentía una especie de vanidad, que todavía me dura, de haber podido observar, con condiciones óptimas, los eclipse de 1900  y 1905, y quería a toda costa, colocarme por tercera vez en aqueste eclipse, unos segundos más, a la sombra de la Luna.

(…)

Conseguí, pues -como iba diciendo de mi cuento- la representación de un gran diario y una comisión de la Junta de Investigaciones Científicas, y me constituí, con varios días de antelación, en el lindo pueblecito de Cacabelos del Bierzo, dispuesto a observar, bien e mi sabor, el eclipse.

Cuando llegué, ya estaban casi ultimadas las instalaciones. Dos físicos franceses intentaban la reproducción cinematográfica del fenómeno, para llevarla luego a la cátedra y al público. El Observatorio de Madrid había montado los consabidos anteojos de Repsold y de Mertz, para observación directa o para fotografiar el Sol eclipsado, y de Grubb-Steinhail, para su divina corona, amén de magníficos espectrógrafos horizontales para la zona ultra-violeta y es espectro-relámpago que da la capa superior del Sol tres segundos antes de empezar o después de acabar el eclipse. Abreu, ingeniero leonés, preparaba el ensayo de un dispositivo visual de su invención; el general Azcárate, director del Observatorio de San Fernando, había organizado una verdadera trocha con un centenar de hombres a lo largo de la carretera de Ponferrada a Villafranca, apostados de hectómetro en hectómetro, para apreciar a posteriori la verdadera trayectoria de la sombra lunar, y el hecho preciso de ser total o meramente anular –límite, como se temía, el eclipse.

No hay que ponderar la extrañeza e insana curiosidad que aquellas nunca vistas cosas producían entre los honrados vecinos de la villa que riega el Cúa.

Campo de San Bartolo en 2004 antes de iniciarse las obras del malogrado polígono de Cacabelos

Es fácil suponer el asombro y revuelo  que causarían entre los cacabelenses la presencia de aquellas gentes llegadas desde tan lejos  y cargadas con tan extraños aparatos. Nos describe el ambiente y la frenética actividad en los campamentos instalados en el Campo de San Bartolo:

¡Qué abismo no separaba en verdad a aquella docena de sabios, de la embobada admiración del público! ¡Qué de cosas no pensarían los profanos; ¡qué de extravagantes quimeras no cruzarían por sus imaginaciones pueblerinas, acerca de aquel instrumental tan valioso, qué de escépticas dudas hasta sobre la misma finalidad de todo aquello!

Quien atisbaba un momento de descuido de los amables astrónomos, para meter la nariz por uno de los anteojos, esperando contemplar la Luna a menos distancia que la cordillera de los Ancares que perfilaba hacia el horizonte del norte; quién, mirando al cielo sin saber por qué ni a qué, tropezaba con el viento de una tienda e iba a dar de bruces contra un cajón de instrumental que valía miles de pesetas; quién, en fin, orgulloso de haber trabado conocimiento ya con los observadores, les asediaba a preguntas acerca da a cuántos metros se veía el Sol, o cuál era el lucero de Matagañanes, y qué era el camino de Santiago, o por qué corren las estrellas, y otras cosas tales, más difíciles de contestar que las siempre terribles preguntas de los niños.

Imagen actual del polígono

Rosso de Luna no se limitó a seguir las incidencias del eclipse. Mantuvo por aquellas fechas contactos con gentes notables de Cacabelos:

Ya había conocido a todos los notables del pueblo: al cura, al médico y farmacéutico, a un ingeniero de montes, y a media docena de personas más, lo suficientemente instruidas que, informadas por la Prensa, ya estaban al tanto, acerca de los más substancial del fenómeno y se preciaban, con hospitalidad generosa, de hacernos grata la estancia acompañándonos doquiera, jugando al tresillo con nosotros en escasos ratos de ocio en el casino, y hasta haciéndonos dar serenatas por la banda, aunque esto con mejor de seo que fortuna, según eran de inhábiles los tañedores, y  de ingratos los instrumentos.

(…) Con ellos recorríamos los alegres sitios de éstas (las instalaciones de observación) de este cerrete de San Bartolo, en la carretera y en la casita del Valín, donde yo tenía preparadas mis cámaras fotográficas y mis lienzos para las sombras ondulantes.

Portada del libro de Roso de Luna al que corresponden las cita de esta entrada

Transcurrida la histórica jornada y en compañía de sus nuevos amigos, emprende la bajada a la villa y describe la escena:

El crepúsculo, uno de esos incomparables de la primavera berciana, envuelto en auras campestres, había caído por completo. Satisfechos del laborioso día, emprendimos, en grata charla de antiguos camaradas, el regreso al pueblo, que dormitaba ya entre sus castas alamedas bajo el arrullo de las aguas del Cúa. De las casas del pueblo salían múltiples humaredas, con esos olores creosotados que tan gratos resultan al que viene del campo, recordándole la proximidad de la cena y del reposo.

Fruto de esas charlas Roso de Luna conoce y queda impresionado por la existencia de una talla en madera de un monje jugando a las cartas con el Niño Jesús en el Santuario de las Angustias, pero esa es otra historia…

domingo, 9 de agosto de 2026

Cacabelos tiene nueva centenaria: Estrella Rodriguez Veigas

 

Estrella rodeada por todos los suyos hoy e Cacabelos


Hoy ha vivido uno de los días más emocionantes de su vida, y mira habrá vivido muchos, también malos, lógicamente. Pero este domingo de agosto ha sido muy especial,  Estrella Rodríguez Veigas ha celebrado cien años rodeada de lo que más quiere: hijos, hijas, nietos, biznietos,  hermana… Según recordaba siempre,  en realidad cumpliría 101 porque su inscripción en el Registro se hizo con retraso. 

Con José y sus cuatro hijos. Eran tiempos de La Silvela

Estrella cumple al siglo en plenas facultades. No es una novedad una centenaria en su familia porque abundan. Cada día su hijo Vicente (Hostal La Gallega) la lleva desde Cacabelos a su casa de San Martín de Carracedo donde aún cuida su huerta y disfruta de la charla con las vecinas. Echa la vista atrás y recuerda su pueblo natal, A Lagoa de Tablas, allá por tierras del Cebreiro. Hija de Enrique y María, fue uno de los ocho hijos del matrimonio: actualmente sólo viven ella y su hermana Celia. 

Estrella y José cuando vivían en San Martín

Se casó con José y se fueron a vivir a la Sivela, también muy cerca de Piedrafita del Cebreiro. Tuvieron cuatro hijos con los que en 1993 se trasladaron a nuestro vecino San Martín de Carracedo. Crecieron los hijos, formaron sus respectivas familias y, tras el fallecimiento de José, fijó su residencia en Cacabelos en casa de su hijo.

Hoy con sus hijos y hermana

En la foto con hijos, nueras y hermana