 |
| La prensa nacional y extranjera se hizo eco del acontecimiento |
Escribía Alfonso Fernández Manso,
catedrático de Escuela de Ingeniería agraria y forestal de la Universidad de León,
en su artículo del pasado día 3 En el centro de la sombra: El 12 de agosto de
2026, El Bierzo será uno de los mejores lugares del mundo para contemplar un
eclipse total de Sol. Durante apenas 1 minuto y 27 segundos, la Luna ocultará
completamente el Sol y Ponferrada se convertirá en el centro de todas las
miradas.
Bien podríamos cambiar el nombre de Ponferrada por Cacabelos, méritos
sobrados tiene nuestro pueblo a este reconocimiento si recordamos el ocurrido en 1912 y nombrado en la prensa de la
época como El eclipse de Cacabelos.
La misma noche en que el célebre
Titánic rendía toda su fortaleza a las gélidas aguas del Atlántico, astrónomos,
físicos y periodistas viajaban desde Madrid en el tren expreso a Galicia. Su
primer destino era la antigua estación de Ponferrada, pero no concluiría allí
aquel largo y pesado viaje. El periódico ABC de Madrid en su edición del día 13
ya informaba de la gran afluencia de tan singulares viajeros que se estaba
produciendo en dicha estación por aquellas fechas. Desde la capital berciana
habrían de dirigirse a Cacabelos donde las autoridades municipales estaban
preparadas para recibir a tan distinguidos viajeros y ponerse a su disposición
para facilitarles en lo posible su misión. Otros ya se habían adelantado y se
organizaban para tener todo su equipo preparado. Incluso algunos se
presentarían en nuestro pueblo horas más tarde procedentes de otros puntos de
la geografía española.
Cacabelos olía a fiesta (“Las
instalaciones de Cacabelos. Animación extraordinaria” subtitulaba el diario
madrileño). Tal era el número de hombres de ciencia, autoridades, auxiliares,
criados, turistas y curiosos deambulando por nuestras calles y el bullicio en ‘tascas
y pensiones que más bien parecía continuar la recién finalizada Fiesta de
Pascua.
Corría el mes de abril de 1912,
el día 14 ocurría la citada catástrofe del Titánic y el 17 se anunciaba un eclipse solar. Eclipse, que según habían anunciado diversos astrónomos, convertiría a Cacabelos
como uno de los lugares ideales para su observación gracias a encontrarse en el
punto central de la línea del mismo.
A nuestra villa arribarían
comisiones del Observatorio de San Fernando y Madrid del entonces Ministerio de
Instrucción, de Barcelona, de la Universidad de París... Personalidades del
mundo científico y periodístico como el Ilustre General, Director de
Observatorio de San Fernando, Don Tomás de Azcárate; el profesor Don Pedro
Carrasco Garrorena y, sobre todo, a Don Mario Roso de Luna, el más afamado
astrónomo de la época. Acudió a Cacabelos en su condición de astrónomo, teósofo
y periodista de “El Liberal”.
La mayoría de aquellos ilustres
visitantes, agasajados por las autoridades y notables del pueblo, eligieron el
Campo de San Bartolo para montar todo el tinglado de aparatos: espectógrafos,
anteojos, heliógrafos, cronómetros, cámaras de cine, etc. que sin lugar a dudas asombrarían a los
expectantes lugareños. Roso de Luna eligió el ofrecimiento del farmacéutico
local Manuel Vega Flores de su casa de campo a las afueras del pueblo para
montar toda su impedimenta.
El tiempo se mostró propicio para la
observación del suceso. Según los enviados del Observatorio de Madrid el cielo
se mantuvo despejado durante el tiempo del eclipse para posteriormente cubrirse
de nubes. Se pudieron apreciar las Perlas de Baily durante breves segundos y no
llegó a ser total si nos atenemos a las informaciones de los madrileños.
Posteriormente, y una vez reveladas las placas fotográficas, se pudo aseverar
que el eclipse había sido total en este lugar: “el eclipse fue total en
Cacabelos, cuyo nombre, por tal suerte, tiene desde aquel día singular mención
en la ciencia astronómica” remarcaba en sus páginas la revista “Nuevo Mundo” en
su edición del 25 de abril de aquel año.
Para Cacabelos lo notable fue el
acontecimiento en sí, la llegada de tanto personaje y el eco que tuvo en la
prensa durante aquellas fechas. Todos los medios elogiaron la hospitalidad de
los cacabelenses e incluso la atención prestada para curar las heridas al
general Azcárate, director del Observatorio de San Fernando, a su ayudante y a
su chófer tras un ligero accidente automovilístico (¿podría ser el primer
accidente de tráfico registrado en la historia de Cacabelos?). Y gracias al
acontecimiento, como bien adelantaba en 1912 la revista antes citada, Nuevo
Mundo, el nombre de Cacabelos ya permanecerá ligado para siempre a la Historia
de la Astronomía.