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Años de crecimiento en Vizcaya. Muelle de Ripa, en la ría de Bilbao |
Por Roberto Carballo
A finales de la década 1880-1890, Cesáreo, el hermano mayor de Antonio, tuvo que ir a hacer la mili a Bilbao. En esos años, desde que acabó la última Guerra Carlista, Vizcaya tuvo un gran desarrollo; además de la explotación minera del hierro, se construyeron altos hornos y una importante red de ferrocarriles de vía estrecha. Cuando Cesáreo acabo el servicio militar, viendo que en la zona de Bilbao había mucho trabajo y dado el mal panorama que había en El Bierzo, decidió quedarse allí.
Según contaba mi padre, su tío Cesáreo encontró empleo en la construcción de vías de ferrocarril y era capataz o tenía potestad para contratar obreros. Llamó a su hermano Antonio para que fuera a trabajar con él y de esta manera nuestro abuelo fue a parar a Bilbao. En Bilbao fue donde Césareo conoció a una joven de Zamudio, pueblo cerca de la capital. La joven era Juana Bustillo y con ella se casó.
Ya de casados, Juana tenía una fonda en la que se alojaban obreros que trabajaban con su marido y con Antonio. Ella les tenía que dar de comer y lavarles la ropa, aparte de las otras tareas que conlleva una casa, y esto era mucho trabajo. Antonio cuando regresaba del trabajo y veía a aquella mujer tan afanada, le daba pena y le ayudaba en lo que podía. El que un hombre hiciera trabajos del hogar en aquella época era una cosa bastante rara. Por cosas como éstas que conozco del abuelo, me da que era un hombre con un sentido moral claro y, aun siendo un hombre cabal y discreto, no le importaba romper convenciones sociales si con ello hacía algo bueno.
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Caserío de Cesáreo en el monte Cobetas |
El tío Cesáreo quedó en Bilbao. Me contó Begoña, nieta de Cesáreo, que su abuelo con el tiempo se dedicó a la ganadería; criaba, compraba y vendía ganao. Compró un caserío en el monte Cobetas, al lado del barrio de Basurto, y en él guardaba las vacas y criaba terneros. Y no le bastó con esto que también puso una carnicería en el mismo Basurto (zona de Bilbao en donde está el estadio de San Mamés).
Volviendo con el abuelo Antonio, mi padre nos recordó más de una vez que, cuando su padre estuvo en Bilbao, ganó una carrera pedestre, dejando atrás a todos los atletas vascos. Él parece ser que siempre fue un hombre ágil y atlético, siendo un hombre mayor todavía subía a los árboles. Cuando mi hermano era niño, el abuelo, ya un anciano, subía a Pieros andando el día de San Martín y la cuesta la hacía con el niño montado al carracacho (el niño sentado en la parte alta de la espalda con las piernas colgando a ambos lados del cuello). Siendo todavía más mayor, en el secadero de la Casería, colgaba las plantas de tabaco que Juanjo le iba dando.
Insignia
que el abuelo Antonio regaló a Toño el de Jesús. Ahora la tiene Susana Carballo
Cesáreo quedó en Bilbao y allí tuvo su descendencia, también numerosa. Antonio volvió a Cacabelos y acabó casándose con la abuela Ricarda. Antonio y Ricarda siguieron teniendo una buena relación con la familia vizcaína y sus hijos la siguieron manteniendo. Los de Bilbao venían a Cacabelos de vez en cuando. Tenían la costumbre de enviar una bacalada por Navidad para cada uno de los hijos de Antonio y Ricarda. Los abuelos también viajaban mucho a Bilbao a ver a la familia de Cesáreo. Mi abuela acogió en Cacabelos al marido de su sobrina Lupe, hija de Cesáreo y Juana, cuando él estuvo perseguido en Bilbao por asuntos de política.
Ricarda y Antonio, el matrimonio
Aunque, como contaba antes, parece ser que a Ricarda Antonio no le parecía un mozo apuesto, sea por obra de Petra o por intercesión de San Antonio, acabó casándose con él. Y bien que hizo, pues fue un matrimonio que se complementó a las mil maravillas. Se casaron en el año 1899, sus respectivos padres ya habían fallecido, aunque las madres de ambos vivían.
Yo había supuesto que el Carretón, el que vino de Galicia, les había dejado algo en herencia. Pero oí a más de uno en la familia que Antonio y Ricarda habían empezado su vida matrimonial con muy poco. Me dijeron que de recién casados sólo tenían unas sillas y una guitarra, la guitarra era la aportación de Antonio. ¿Qué hacía el abuelo con una guitarra? Con lo serio y formal que era, no me lo imagino como parte de un cuadro flamenco.
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| Los seis hijos de Ricarda y Antonio. De mayor a menor: Pilar, Rosario, Antonio, Jesús, Ricarda y Flora |
De recién casados, la abuela le propuso a Antonio el irse para América (hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos, hacia 1900, había mucha emigración). Él era un hombre conservador, muy apegado a la tierra; así que, muy democráticamente, respetando la voluntad de su mujer, le contestó: ‹‹vete tú, si quieres››. Así que acabaron quedándose.
El abuelo empezó con el negocio de comprar y vender chantones de vid americana para regenerar los viñedos que habían quedado deshechos por la filoxera. Me contaron que las plantas venían de Italia.
La abuela desde el principio del matrimonio, probablemente con la ayuda de su madre Petra, puso una fonda, ella era una buena cocinera. A la larga, además de comidas, tenía huéspedes para dormir. Uno muy conocido fue Félix el Químico, mucha gente de hoy no lo conocerá, era el padre de los conocidos pintores los hermanos Carralero.
Parece ser que el matrimonio tardó unos años en tener hijos, pero luego los tuvo todos seguidos. Los muestro en la foto que calculo que debió de ser tomada en la década de 1910-1920 por algún fotógrafo de los que venían a las ferias.
Además de los hijos, vivió con ellos un sobrino, hijo natural de una hermana de Antonio. La hermana, Joaquina, había marchado para Cuba y dejó el niño a cargo de del matrimonio. Este niño de mayor fue conocido como Antonio el Pesquero, persona que luego fue popular en Cacabelos.
La hija mayor, Pilar, murió cuando era una adolescente, no sería mucho después de cuando fue tomada esta foto. Como contaba antes, la madre tuvo tal disgusto que, cuando enterraron a la niña, juró no volver por el cementerio hasta que no la llevaran a ella misma muerta. Según me contaron, lo cumplió.
Se ve en la foto lo uniformados que están todos, tanto las niñas como los niños, me da que la Carretona debía de dirigir a toda la tropa como un sargento prusiano.
El matrimonio, a base de trabajo y ahorro, fue progresando. Un tío de Antonio vivió con ellos algún tiempo y aconsejó al sobrino sobre la compra de viñas. Antonio tomó nota del consejo y, a partir de entonces, poco a poco se fue haciendo con tierras.
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Publicidad de la tienda de Antonio y Ricarda en un programa de la Pascua de principios de los años 40 |
Ricarda, sin dejar la fonda y las comidas, puso una tienda en la que debía de vender diversos géneros, pero con el tiempo se fue especializando en vender calzado, calzado de uso diario como alpargatas, zapatillas y galochas. Cuando tuvieron dinero suficiente, empezaron a comprar al por mayor; de este modo conseguían comprar a mejor precio y sacar un beneficio con un precio de venta al público razonable. Este sistema lo siguieron mis padres en los mejores años de la tienda. Era la abuela la que atendía a los viajantes y la encargada de comprar. Fue a las fábricas de La Rioja, acompañada por su marido o alguien de la familia, con el fin de hacer contratos de compra. No sólo adquiría artículos en cantidad para la tienda, también lo hacía para la fonda y para su propia casa; por ejemplo, comprando azúcar o telas al por mayor, con las que luego hacía ropa para sus hijas e hijos.
(Continuará)




