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Toño poniendo el anillo a Pili durante la boda de hoy
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Por si no hubiesen sido suficientes esos cincuenta primeros
años de matrimonio, hoy Pili Cela y Toño Santín se han vuelto a prometer amor
eterno después de cinco décadas juntos. Tan mal no les debió ir el negocio.
Bromas aparte, hay que reconocer que no todos los días se
puede vivir una ceremonia tan emotiva y bella como la que protagonizó esta
pareja de veteranos novios en la iglesia parroquial de Cacabelos para celebrar
sus bodas de oro.
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Presentación de los anillos
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Si en la primera respondieron nerviosos a don Dámaso las
preguntas de rigor:
¿Venís a contraer
matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?
Sí, venimos.
En las respuestas de hoy a don José Luis se repitió el
cosquilleo de la emoción vivida antaño, sumando los recuerdos que se han ido
acumulando en esa aventura en común durante medio siglo. Muchos buenos y otros
–es ley de vida- tristes que recuerdan la ausencia de los seres queridos ya
desaparecidos. La imagen de su hijo Toño ha estado en la mente de todos, sobre
todo al recibir los novios un
cariñoso mensaje enviado por su nuera Isabel y su nieto Diego.
En la ceremonia no faltaron los padrinos –Luis, su hijo, y
Choni, su hermana-, las arras y los anillos. Ni si quiera los caramelos
lanzados por la madrina a la salida del templo, como manda la tradición.
Y, como también manda la tradición, después de la ceremonia
religiosa hubo banquete para los invitados en La Moncloa de San Lázaro con
cóctel previo a la comida y actuación de Gastrotuna 2450.
¡Felicidades!
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¡Qué se besen los novios! gritaron. Y se besaron
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Los novios, los padrinos, don José Luis y, atrás, la abuela Emiliana
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