miércoles, 9 de septiembre de 2020

Cosas de fray Luis: Retorno a Pieros


 
La cuesta de Pieros

Cosas de fray Luis (1)

RETORNO A PIEROS

Amanece. Regreso al valle encantado cuyo luminoso paisaje sigue coloreando mi visión del mundo, aunque fui alejado de él siendo niño. Asciendo a Castroventosa, a “Bergidum Flavium”, el castro habitado hace siglos por celtas, astures y romanos; él es ahora la mejor atalaya de esta tierra mágica. La primera luz de la mañana hace aparecer en todo su esplendor los verdes viñedos que prometen una cosecha abundante; los innumerables cerezos manzanos y castaños exhiben con orgullo sus flores encantadoras, sus primeros sabrosos frutos.  Desde mi privilegiada atalaya diviso la impresionante silueta de Las Médulas, el ameno paisaje del valle del Silencio y del monasterio de Carracedo y vienen a mi memoria las palabras del inglés J. Borrow, que nos visitaba hace algo más de un siglo:” Muy codicioso o desdichado tendría que ser el hombre que abandone este rincón paradisiaco”.

Iglesia de Pieros con los cerezos en flor

 Atardece. Desciendo de “Bergidum Flavium” y paseo por las empinadas calles de Pieros, el pequeño pueblo donde transcurrieron los lejanos días de mi infancia, donde se esconde parte del secreto de mi vida. Quisiera conversar con mis paisanos en busca de esa sabiduría secreta que se esconde en el rincón donde nos hemos criado. Pero las calles, entonces pobladas de niños y de gente joven, están ahora vacías. Escucho en mi interior una popular canción berciana: “voy caminando por aquellas calles que antaño yo recorrí…; voy recordando aquellas gentes que siendo niño yo conocí (…): ya no están aquí”.

       Vacías están también las casas entonces superpobladas que ahora comienzan a desmoronarse; la escuela se cerró hace muchos años, en la iglesia se celebra sólo algún raro funeral, ningún bautizo desde hace unos cuarenta años. Me parece ver cumplirse en mi pueblo la vieja maldición bíblica:”Ya no se escuchará en ti la música de los que tocan la flauta, ni se oirá el ruido de la piedra de molino, la luz de las farolas no alumbrarán más en ti; ni el canto de la novia y el novio se escuchará en tus calles”( Ap. 18,22-23) .Primero, ya lejana, fue la tragedia de la guerra que dejó mutilados los cuerpos, que dejó envenenadas las almas; después, desde los años  cincuenta ,sesenta ,la tragedia incruenta de la emigración forzosa, y, siempre la voracidad del tiempo, la “ruina temporis”.
 
Castro Ventosa desde Pieros

Anochece. La alegre luz que me saludaba risueña está mañana pronto dejará paso a las sombras de la noche, al abismo sin fondo que es el silencio y la soledad de la noche. Trato de buscar consuelo al desamparo que suscita en mí la memoria reciente de mi pueblo. Y…de pronto es como si viera brillar un tenue rayo de luz, como si me visitara alguien, …la esperanza quizá. Y pienso: mis vecinos de Pieros, envejecidos y dejados de la mano de Dios y de los hombres, han asfaltado durante los últimos años sus viejas calles, han introducido el agua corriente en sus casas, han renovado nuestra iglesia: luchan contra la ruina del tiempo; no quieren desaparecer, no se dan por vencidos. Y comienzo a desear que llegue pronto la luz del nuevo día para recorrer otra vez las calles de mi querido pueblo haciendo míos el orgullo, el esfuerzo y la esperanza de sus gentes, de mis gentes.

  Fray Luis de Pieros

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (CDXVII)



QUINDÓS
Por Antonio Esteban

Era un hombre elegante y quienes lo conocieron decían que sumamente culto. Había estudiado en los Paúles de Villafranca en donde adquirió además de conocimientos, un amor exacerbado a la lectura.

Quizá en Cacabelos hubiera   -haya-  algún Quindós más, pero el original, el que desciende del pueblo de Quindós en los Ancares lucenses, es este Quindós, a pesar de llevar el apellido en segundo lugar. Era Manuel Fernández Quindós, hermano de sus hermanos y de sus hermanas a quienes no podía dejar de visitar casi a diario. Ellas y ellos en Arborbuena y, él, en Cacabelos.

La guerra contra los moros lo llevó al Rif cabileño. Logró sobrevivir y, a su vuelta se afincó en la villa y puso en marcha un almacén de construcción que le permitió vivir desahogadamente. Y casarse con moza de Cacabelos Su novia de siempre. 
 
Murió joven. El tabaco se lo llevó, antes de que pudiera dejarlo. Tuvo cuatro hijos: Santiago, que murió prematuramente, Amelia, María y Angelines.

Su historia, como la de otros muchos cacabelenses merecería más páginas en nuestro cuaderno. Quizá, algún día podamos contarla. Dejemos hoy la fotografía de un mozo elegante que se llamaba Manuel Fernández, pero al que todos conocían como Quindós.

martes, 8 de septiembre de 2020

Voluntarias de AECC venden lotería para el sorteo del “cáncer"


Amelita, Pili, Marina y Pili esta mañana vendiendo lotería en la Plaza Mayor


Voluntarias de la Asociación Española de lucha contra el cáncer –AECC- ofrecían esta mañana a los cacabelenses décimos para el próximo sorteo de la Lotería Nacional. Este sorteo extraordinario en beneficio de la citada asociación se celebrará el próximo 12 de septiembre y pondrá en juego un total de 105 millones de euros.

La suerte que esta mañana Pili Núñez y sus compañeras ponían en manos de los compradores, ya contribuye antes del sorteo para ayudar y acompañar a las personas que padecen esta enfermedad. También llega a los familiares informado de todos los aspectos que la rodean.

Asimismo, ayuda y financia proyectos de investigación oncológicos de calidad para mejorar o avanzar en tratamientos contra el cáncer. 

El puesto de venta se encontraba en los soportales de la Plaza Mayor