miércoles, 9 de abril de 2014

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (XCVIII)

Entrañable fotografía de esta conocidísima familia cacabelense



LOS “MELEROS”

Antonio Esteban González
 
Uno no siempre está inspirado para poner pie a una foto, pero lo intenta como ocurre en esta ocasión. Y esto es lo que ha dado de sí, hoy, el pie de la fotografía.
Los ancareses  -como los maragatos-  eran gentes de caminos largos, ásperos y difíciles. Y también de largas ausencias del hogar. Eran gentes viajeras: se dedicaban al comercio, obligados por los pobres rendimientos de la agricultura en su tierra en donde es  -o era-  tradicional el cultivo de la berza para preparar el caldo ancarés del que hablaremos en otra ocasión.
Posiblemente en ese comercio  - además de la cera o el aguardiente-  estaba la miel y yo no sé si el señor Emilio o la señora Pura  -los “Meleros”-  procedían de los Ancares  -Candín arriba-   o era algún antepasado suyo que vendía miel y encontró en Cacabelos,  -como otros-  lugar oportuno para vivir y, de ahí, el nombre de “meleros”, nombre que llevaban  -y llevan sus descendientes-  con orgullo.
Yo no sé, tampoco,  -aprovecho para decirlo-   si la palabra Ancares  -permítanme la pedantería-  proviene de  la palabra latina “ancarius”  que significa asno o animal de carga, que era, precisamente, el medio que tenían los ancareses para vender sus productos, pero, sea lo que fuere, aquí tienen hoy a Emilio y Pura, un matrimonio prolífico: once hijos: Josefa, Emilio, Alberto y Gelita  -ya fallecidos-  Dolindo, Tomás  -también fallecido-  Pura, Suso, Amalia  -muerta-  Lolo y Fermín.
Una familia de ayer que hoy recordamos y con agrado.

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