martes, 19 de agosto de 2014

Los de Cacabelos también destacan en la pesca


Cacabelos siempre ha contado con buenos pescadores. Algunos nombres ya son míticos en esta especialidad deportiva, pero la savia se ha ido renovando y seguimos manteniendo un alto nivel. Así lo demuestra la clasificación de la última competición del C.D. de Pesca Ribera del Cúa celebrado en aguas del Órbigo este pasado fin de semana.
Dieciocho de los más importantes pescadores de Galicia, Asturias y Castilla y León se dieron cita en el E.D.S. de Santa Marina, entre los que destacaba el gallego David Acay, Campeón del Mundo en 2012.
La prueba fue muy disputada, como demuestra la clasificación final marcada solamente por una trucha de diferencia entre los primeros. La tercera plaza y el premio a la mayor captura fueron para el cacabelense y Secretario  del C.D. Ribera del Cúa, José Ramón López.
Clasificación general:
                1º Vicente Pico Anidos (Ferrol): 2533 puntos
                2º David Arcay Fernández (A Coruña): 2153,6 puntos
                3º José Ramón López Yáñez (Cacabelos): 2136 puntos
Trofeo al mayor número de capturas y el trofeo a la mayor captura:
                Mayor número de capturas: Vicente Pico Anidos: 10 capturas.
                Captura mayor: José Ramón López Yáñez: 51,3 cm.
José Ramón recibe uno de los premios de manos del Presidente, José M. Álvarez


“Llega el silencio” cuadro de la semana de Carralero




Este óleo sobre tabla, Llega el silencio,  forma parte de la exposición Retrospectiva de José Carralero en el M.AR.CA. y pertenece a la serie dedicada al Monasterio de Carracedo. Es comentado por Ángel Ossorio, licenciado en Historia y Periodismo, profesor de Bachillerato de la Inmaculada de Ponferrada.
            Sobre la melancolía entre piedras y hormigas
Una mirada personal para sumergirse en “Llega el silencio”, de Carralero
Para explicar este cuadro tenemos que fusilar unos versos de Mario Benedetti. Bueno, seamos políticamente correctos: homenajear al gran Benedetti en el poema “A la izquierda del roble”, y donde él hablaba del Jardín Botánico de su Montevideo, nosotros decimos Monasterio de Carracedo. Quedaría así:

(…) No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Monasterio de Carracedo siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa (…).

(…) No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Monasterio
Aquí se quedan sólo los fantasmas.
, más limpio, menos nitidez que llega la noche, luminosa y veraniega, pero noche al Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

En estos versos está la conexión entre el cuadro y la memoria del convento, que es como lo llamamos los de Carracedo. Acostumbrábamos a ver al “pintor de Cacabelos” embadurnado de óleo y a pie de atril persiguiendo la luz que rebota de entre las piedras del convento. Por fuera y por dentro. Y luego mirábamos, haciéndonos los encontradizos, lo que había del otro lado de la tabla. No entendíamos ni la mitad, nos faltaba camino de vida, pero sí sentíamos que nos gustaba. No había nada matemático en la mezcla del color, pero era asequible. No sabíamos por qué.
En el caso que nos ocupa es el interior del claustro, cuando el guarda cerraba y se despedía. Como un niño travieso sumado al aparente despiste del artista, se hacía el loco y ¡zas!, ya estaba de nuevo en el interior del convento saltando los muros.
Allí competía durante esas horas inciertas del oscurecer del verano con los adolescentes que hacían sus másteres de verano en el amor recién descubierto. Había sitio para todos. Se enriquecían mutuamente. Él buscaba la luz esquiva. Ellos, las sombras crecientes.
A Pepe le gustaba saltar la valla, claro que sí. Sentirse un chaval, pero en vez de robar pavías, hurtar los últimos rayos de sol entre las ruinas.
La serie del Monasterio de Carracedo que nos ocupa fue pintada a lo largo de tres veranos, entre 1992 y 1994, y el Monasterio ya estaba restaurado como hoy lo vemos, aunque él lo haya pintado en numerosas ocasiones a lo largo de su trayectoria.
Entonces ya había perdido la hiedra que ocultaba la reja del refectorio y podíamos ver de nuevo el atlante que sujeta una estatua desaparecida. El Mirador de la Reina había dejado de ser el lugar exclusivo de las fotos de las novias de Carracedo para convertirse cada sábado en un pase de modelos de todos los rincones del Bierzo.
Sin embargo, Carralero logra en este cuadro recuperar el ambiente de esos mil años de historia, ciento cincuenta de ellos entre la ruina. Cualquiera que contemple el cuadro reconocerá un monasterio atemporal, con ese ambiente ensoñador de los paisajes con ruinas monumentales de Claudio de Lorena, el grande del XVII. Miramos los arcos y nos envolvemos en ellos, nos atrapan.
Nos alejamos un poco del cuadro. Cerramos los ojos unos segundos, los abrimos y nos inundamos de la luz ocre llena de mil matices diferentes. Falso inacabado, pintura en diferentes grosores, brochazos rápidos, certeros. Corre, corre, la luz se va. Más clarofin y al cabo…
Nos dejamos llevar por los ojos y éstos nos llevan al recuerdo de lo que allí vimos y sentimos. Si lo hacemos al revés, no entenderemos nada. Este monasterio será más real que la foto porque capta el momento cambiante de la última luz de la tarde. Desconfía del recuerdo, apóyate en el cuadro y déjate ganar por el instante vivido por el artista que, seguro, coincide con el tuyo. ¿Lo sientes? ¿No hueles la humedad que dejó la tormenta? ¿El amargor de la hierba mojada? Eso es lo que el ojo tuyo no ve, pero el de Carralero sí, y te lleva a revivir esos minutos enlatados en el lienzo. ¡Lástima que hoy nos echen antes de ese momento y que haya alarmas que impiden el salto del muro…!
            La serie del monasterio llevan títulos que conectan con nuestra memoria sensorial y con el poema de Benedetti: Sombra fantasmal, A danza das meigas, Metáfora, Osamenta, Ángelus, Vísperas, Sinfonía, Piedras… en la retrospectiva tenemos cuatro. Están fuera del contexto original de la serie, pero nos hacemos una idea. Son cuatro momentos diferentes de luz sobre los mismos sillares y cantos rodados. Sólo por el color ya son bellos, aunque no reconozcamos los arcos de ladrillo.
            Cuando se enfrascó a fondo en el Monasterio de Carracedo hacía ya tres años que había traído a Cacabelos su curso de paisaje, una iniciativa que daba vida a toda la contorna con jóvenes promesas nacionales e internacionales. Era una fiesta ver a los artistas alrededor del convento, buscando la perspectiva favorita y escuchar, asustados y expectantes, el silencio del maestro a sus espaldas…  (Por cierto, este año el curso ha sido reinventado y puesto al día por la también profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense Macarena Ruiz, coincidiendo con el Año Carralero. Esperemos que las instituciones sean sensibles y que ella se deje querer por nuestra tierra y se repita la iniciativa).
El monasterio nunca fue pintado (ni ha vuelto a serlo) con tanta profusión y variedad de enfoques como en la serie de Carralero. Es todo un experimento pictórico que, a los que vivimos tantos momentos en el monumento, al ver este “Llega el silencio”, no nos queda más que dejarnos llevar por esa hora incierta de la tarde y decir aquello de “aquí solo se quedan los fantasmas. Ustedes pueden irse, yo me quedo” en este cuadro.
Si miran bien, yo sigo ahí dentro desde entonces. Si se dejan querer, también quedarán atrapados en él.

            Ángel Ossorio

domingo, 17 de agosto de 2014

Los pequeños también tuvieron su San Roque


Comenzaba la tarde con la práctica de juegos tradicionales


Este domingo se ponía el punto y final a las Fiestas de San Roque y a la Feria de la Cerveza. Por la tarde los pequeños pudieron disfrutar a sus anchas con los juegos que organizó la asociación cacabelense Ludus Bérgidum Flavium.
La plaza de San Roque y el inicio de la calle Cimadevilla se cerraron al tráfico para que los niños tuvieran total libertad en los juegos preparados para ellos. Miembros de la asociación Ludus dirigieron y controlaron la sesión. Una parte estuvo dedicada a los más tradicionales-llave, rana, herraduras, etc.-y otra a los juegos con agua, cuerdas…Tan bien se lo pasaron que los mayores tuvieron envidia y hubo que organizar para ellos una sesión especial de juegos.
En la plaza del Ayuntamiento se apuraban al final del día las últimas cañas de la II Feria de la Cerveza y se cerraba la exposición de juguetes de maquinaria agrícola que tanta expectación causó a niños y mayores.


Y Vicente anotando y controlando las puntuaciones