| Ricarda y Antonio |
Vuelve Roberto Carballo con un nuevo capítulo dedicado a sus antepasados.
Los hijos de Ángel y Petra
Ya dijimos en entregas anteriores que Ángel y Petra se
casaron en 1869. Tuvieron, que sepamos, tres hijos: Ricarda, Carlos y
Cristóbal. Además, Ángel tenía una hija de un matrimonio anterior, Manuela.
Por lo que nosotros vivimos y por lo que en nuestra familia
se contaba, sabemos algo de la vida del matrimonio de Ricarda y su marido
Antonio. Pero no sabíamos casi nada de los hermanos de Ricarda y sus familias.
De todas maneras, en Cacabelos vivieron, y viven, descendientes de Carlos, la
familia de Pepín el Ferreiro. Yo, en mi ignorancia, los relacionaba con la
familia de mi abuelo Antonio, pero no con los carretones. Ni me molesté, hasta
ahora, en saber de las familias de Carlos y Cristóbal.
Serían los años sesenta del siglo XX, y una niña en una
población cercana a Buenos Aires oía a su padre hablar de su pueblo en España,
ella lo escuchaba con atención. Residían en una casa cerca de un río y el papá
le contaba que cuando vivía en su pueblito de España, Cacabelos, su casa, no
sólo estaba cerca, sino al lado del río y en él iba a bañarse con sus amigos. A
la niña, Alicia, le quedó esa imagen de la casa y el río y, también, alguna vez
le oyó decir a su papá, Juanito, como en broma, que a su familia en el pueblo
los apodaban como los carretones.
Alicia y su compañero hicieron un viaje a España en el verano
de 2024 y, como no, quiso conocer Cacabelos y la casa de su padre y de sus
abuelos Carlos y Elicia. Hablando con gente del pueblo, mencionó la palabra
“carretón”. No tardaron en ponerla en contacto con la familia de Cacabelos,
tanto con descendientes de su abuelo Carlos (con Pili, la hija de Pepín el
Ferreiro) como con los descendientes de Ricarda (con Toñita la del tío Jesús,
su marido Toni, con su cuñada Lucrecita y su hija Mari Fran y con Ester la de
Toñita). Aquellos días que estuvo por Cacabelos también contactó conmigo por
teléfono y desde entonces no paramos de intercambiar información. Pues bien,
fue así como supimos muchas cosas de la familia de Carlos, que la misma Alicia
os ha contado en “Carretones en Argentina”.
Manuela, la hija del primer matrimonio de Ángel, vivió, como
una hija más, con la familia de Ángel y Petra. Acabó casándose y se estableció
con su marido en Lugo. Tuvieron una hija, Lisa, con la que nuestra familia
mantuvo relación durante años, aunque ya hace tiempo que no sabemos de ellos.
Si alguien, al leer esto, conoce a descendientes de Manuela (María Manuela)
García Iglesias en Lugo o en otro lugar, le pido que se ponga en contacto con
nosotros enviando un email al blog. Ella nació en Cacabelos en 1866 y, como
decía, tuvo una hija llamada Lisa que vivió en Lugo y ésta tenía un hijo que
era médico.
Lo mismo, si alguien por casualidad conociera a algún
descendiente de Cristóbal (Cristóbal Manuel María) García Blanco, nacido en
Cacabelos en 1874, le pido también que se ponga en contacto con nosotros.
Ricarda
Para relatar la historia de Ricarda y Antonio me baso en lo
que contaban mis padres (mi madre incluida), mi tía Ricarda, mi hermano y mis
primas, sobre todo Toñita y Josefina, y también las nietas de Ricarda y Jesús,
así como Juanjo el de Pili, nieto de Rosario.
Ya se sabe lo que ocurre con estas cosas que se cuentan en el
ambiente familiar. Las oyes de niño, te queda una idea, que a lo mejor la has
ido deformando de una manera inconsciente y a lo mejor ya estaba deformada
cuando te la contaron. Pero, bueno, están basadas en hechos y situaciones que
sucedieron y os lo cuento tal y como lo tengo en el recuerdo.
Ricarda fue la única hija que tuvo Petra. Nació en Cacabelos
en 1876. Supongo que su madre Petra le inculcó su amor por la cocina y su padre
su saber en el comercio y en hacer tratos. Siempre fue una mujer con mucha
iniciativa y gran negocianta y, por supuesto, trabajadora.
Mucho no la conocí, así que la idea que me he hecho sobre su
manera de ser me la transmitieron mis mayores. Parece ser que era una mujer muy
decidida, hasta cierto punto autoritaria y con genio cuando las cosas no salían
como ella quería. Cuando reñía a alguien siempre le llamaba centelludo (o
centelluda). Pero esto le valió para, desde la nada, como se suele decir, y con
ayuda de su marido, dejar a su familia en buena situación económica.
Además de ese carácter decidido, Ricarda era una mujer
bastante religiosa, una religiosidad centrada en los santos. De los santos
varones era devota de San Antonio de Padua y entre las santas y vírgenes su
favorita era la Virgen del Pilar. No es extraño que a su hija mayor le pusiera
el nombre de Pilar y a su hijo mayor Antonio. Para ella no había autoridades ni
civiles ni militares ni eclesiásticas, San Antonio y la Virgen del Pilar eran
las únicas autoridades que reconocía.
El rosario de la abuela Ricarda
Rezaba el rosario tres o cuatro veces al día. Y de mayor lo
rezaba con ese rosario que muestro en la foto, que lo heredó la tía Flora y de
ella pasó a Josefina la del tío Jesús, que lo guarda como oro en paño.
La religiosidad de Ricarda era un poco particular. Mi prima
Josefina me contó que la abuela, con todo lo beata que era, sólo se confesaba
una vez al año. Se confesaba en Bilbao con un franciscano que tenía fama de
santo, esa fama de santo se le atribuía porque no daba la absolución a las
chicas que en el baile del domingo hubieran bailao el “agarrao”. Para mi abuela
esto era una prueba irrefutable de santidad. No creo que fuera lo mismo para
las chicas de Bilbao. Ella aprovechaba para confesarse un viaje que hacía cada
año a la ciudad vizcaína. Los curas de Cacabelos no debían de tener para ella
tanta “santidad” como el franciscano de Bilbao.
Otro hecho que me dejó impresionado de cómo era la
espiritualidad de la Carretona fue el siguiente: su hija Pilar, la mayor, murió
siendo adolescente. Tal fue la pena que tuvo la madre por la pérdida de aquella
hija querida, que juró no pisar más el cementerio hasta que ella misma muriera,
y lo cumplió.
A la hora de buscar marido debía de ser Ricarda algo
escogida, pues su madre le propuso como esposo a un tal Antonio, hijo de un
señor de la Válgoma (fallecido ya en aquel entonces). Este chico a los ojos de
Petra, madre de Ricarda, era trabajador y formal, bueno como marido; pero a
Ricarda no le parecía agraciado. Pero un día que Antonio estaba cavando en la
huerta, haciendo surcos, Ricarda y sus amigas pasaron por casualidad, o no, al
lado de la huerta y alguna de las amigas le dijo a Ricarda: ahí teis a Antonio,
mira que cariña de bueno, parez un San Antoñín. Esa fue la manera de
convencerla para que accediera a casarse con aquel hombre, el que ella viera
que el mozo se parecía a San Antonio. ¿Un complot entre la madre y las amigas?
Antonio
Antonio, el marido de Ricarda, nació el 11 de noviembre, día
de San Martín, de 1873. Como decía antes, su padre, también Antonio, era de la
Válgoma, su madre, Manuela, de Cacabelos
y la familia vivió en Cacabelos. El padre era labrador, no sé si propietario, y
debió criar a los hijos en el oficio de la labranza.
Como complemento de Ricarda, Antonio era un hombre tranquilo,
estoico, de pocas palabras y muy trabajador (nunca se levantó después que el
Sol). Todo esto complacería a Ricarda, aunque ante un insistente silencio del
marido cuando ella estaba reprochándole algo, me puedo imaginar que la mujer se
soliviantara y acabara llamándole centelludo.
Antonio tuvo al menos cuatro hermanos: Cesáreo, Jesús
(conocido como Jesús el alpargatero, padre de Pilar, la mujer de Luis Litán),
Manuela (madre de los de Perejón) y Joaquina (madre de Antonio el Pesquero).
Creo que el mayor de los varones era Cesáreo y Antonio era el segundo.
Hoja de vid afectada de filoxera
Cuando Antonio tenía ocho años, su padre murió. La situación en la casa no debía de ser muy desahogada. Aparte de que la economía familiar no fuera buena, al final de la década 1880-1890 entró la enfermedad de la filoxera de la vid en la zona de El Bierzo, que arrasó la mayor parte de las viñas de la comarca. Dada la importancia de la vid tenía en la zona, esto debió ser la ruina para muchas familias. Esto motivó que mucha gente joven optara por la emigración en aquella época, sobre todo hacia América.
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