Archivo de Maruja Fernández Pintor |
EN CONXO
Por Antonio Esteban
CONXO, antes, era CONJO pero a raíz de la normalización de la Lengua Gallega, cabezas
bien pensantes decidieron suprimir del Diccionario la letra “J” y cambiarla por la letra “X”,
cosa que no me parece mal. Ni bien ni mal. Soy indiferente.
Pero en el barrio de CONXO
hay un Hospital psiquiátrico situado en la calle Ramón Baltar -en Galicia a las calles les llaman rúas- y
que fue inaugurado en 1885 para albergar
a gentes que habían perdido el seso
-no confundir seso con sexo- y
los dos primeros pacientes fueron dos sacerdotes. Y, esto, viene a demostrarme
que no estuve equivocado al comenzar a escribir mi novela EL
TRISTE CANTO DEL CUCLILLO, que comienza con la locura del abad de la
colegiata de Villamor, que pierde la razón, a causa del canto de un cuclillo y
de la invasión de Montemilanos por una plaga de mariposas negras.
Lo escrito en el párrafo anterior no tiene nada que ver con
la foto que presentamos esta semana en la que podemos ver a tres señoritas de
Cacabelos -señoritas en aquel entonces-
componentes de una excursión organizada por don Dámaso Núñez, el
párroco, a la capital gallega. Allí esperaba a los excursionistas, la
farmacéutica María Asunción que les mostró los lugares más notables de la
ciudad: Fonseca, la Catedral y, naturalmente, el Hospital de Conxo -estilo barroco, eso creo- en donde fue tomada esta fotografía. Ellas
son Maruja y Gelines Quindós y Pacita Núñez, hermana de don Dámaso.
Se supone que, además de admirar los monumentos también
pudieron degustar el pulpo a feira.
Eso, al menos, es lo que yo creo.
Una foto nostálgica que añadimos a nuestra colección de fotos
de ayer.
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