miércoles, 24 de julio de 2019

Migajas teológicas de Luis Lago Alba


P, Luis Lago Alba



CONFIDENCIAS, A MODO DE TESTAMENTO,  SOBRE LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE…

 "Migajas teológicas" al hilo de la celebración del XIV Encuentro de  quintos  del 42 al 48

Luis Lago Alba.
 

     La “confidencia” es el acto más característico de la amistad, decía el ilustre sabio P. Laín Entralgo. Así, pues, amigo lector, toma estas confidencias mías sobre la vida, el amor, la muerte …y otros temas como expresión de mi amistad.
    Propongo mis confidencias a modo de Testamento”, no a modo de “Decálogo para sesentones” como hice otra vez, hace unos veinte años. Así titulé mis reflexiones con motivo de la celebración de la primera fiesta de los quintos nacidos entre los años 1942- 45 en el municipio de Cacabelos, publicadas entonces en el lamentablemente ya desaparecido semanario BIERZO-7. Todos los quintos rondábamos entonces la edad de la jubilación; por eso el primer imperativo del decálogo decía: “Vivid con júbilo el tiempo de vuestra jubilación”.
    Ahora somos convocados un año más a celebrar la fiesta el primer fin de semana de agosto Varios de los participantes de entonces no estarán presentes porque han acudido a la cita de donde no se vuelve nunca y, pasados otros veinte años…: la fiesta habrá terminado.
 No tengo autoridad para proponer un Decálogo, sólo la amistad suficiente para ofrecer estas confidencias; “a modo de testamento” o sea con la voluntad de ofrecer al lector mis experiencia y reflexiones sobre el amor, la vida y…. otros temas.
    Y, como primer lector de mi texto, un consejo de lector a lector. Lee primero la formulación de las diez confidencias – escrita  en letra negrita  - dejando mis explicaciones, mis divagaciones, demasiado largas y complicadas; si te quedan tiempo y ganas puedes  volver  sobre ellas en  una lectura posterior.
  Ahí van, pues, mis “confidencias a modo de Testamento”:

1.-VIVIR. Acoger la vida con gratitud, compartirla con alegría, entregarla con generosidad.
   De una vida vivida con agradecimiento surge el impulso a compartirla en amistad y con alegría y entusiasmo, a entregarla con generosidad, y nace la promesa y la esperanza de una vida digna, fecunda, feliz.
  Se entrega la vida cada día, a Dios, a los otros, y en el momento de la última entrega esta vida es acogida definitivamente y transformada. Así, pues, todo comienza con la acogida agradecida de la vida y todo culmina con la entrega confiada, esperanzada, gozosa: “Quien entrega su vida la salva, quien la retiene para sí, la pierde” dice Evangelio.

2.-AMAR: “Yo te acojo a ti, yo me entrego a ti, yo te prometo”.
     El amor no es algo importante en la vida, es la vida de la vida; hay muchas especies de amor e infinitas maneras de definirlo. Tres verbos bastan: acoger, entregarse, prometer.
  Yo te acojo a ti con alegría tal como eres; yo me entrego a ti para que llegues a ser lo que estás llamado a ser; yo te prometo estar siempre contigo en el camino fascinante de la vida.  Juntos subiremos al monte del gozo; juntos descenderemos a cultivar la tierra y promover la vida; juntos estaremos en el abismo del dolor si llega; y en la última despedida te diré, nos diremos:” tu no morirás”. Porque “Amar a alguien es decirle: “Tú no morirás” (G. MARCEL).
3.- CON-VIVIR: LA FAMILIA, el hogar: vivir con los otros, por y para los otros.

     Vivimos con los otros compartiendo lo que somos y tenemos; por los otros, somos como somos gracias a ellos; para los otros, colaborando con ellos para que lleguen a ser lo que están llamados a ser.
      En la familia comienza la vida y es la escuela donde se aprender a amar y a vivir. En ella   se viven las formas fundamentales de amor.
Amor conyugal: Dos personas extrañas, hombre y mujer, se encuentran y se descubren llamadas a compartir la vida, a unirse tan íntimamente los dos que se hacen una sola carne y así y acontece el milagro: aparece una nueva vida, una tercera persona es procreada, no producida.
 Amor de los padres: Amor entrañable, incondicional, de la madre, que dice al hijo: hagas lo que hagas, seas como seas, yo te seguiré queriendo; amor exigente del padre que advierte: te quiero, pero debes atenerte a las consecuencias de tu conducta.
 La fraternidad: el inicial amor narcisista e interesado de los hermanos se transforma en amistad fraterna: amor dadivoso y recíproco, vivido como comunión afectiva y solidaria.
 Amor de los abuelos que disfrutan de una nueva etapa de su vida acompañando y cuidando a sus nietos, amor de los nietos que escuchan gozosos los relatos de los abuelos y tratarán de realizar las ilusiones y los sueños que ellos les trasmiten.      
  Recitando el “Padre nuestro” en familia descubrimos y somos iniciados existencialmente en el misterio del amor y de la vida: Dios, que es amor y es Padre, y Madre, nos amó, nos ama, primero y nos comunica la vida de hijos; existimos y amamos porque hemos sido amados primero, sólo amando llegamos a ser plenamente humanos, y esperamos la victoria definitiva del amor sobre el desamor, el pecado y la muerte.
   Colaborando familia, la iglesia y la escuela, y la calle, el niño va siendo introduciendo en la gran familia de la humanidad: va formándose su personalidad, desarrolla sus facultades y descubre los valores :“ Educar a una persona es entusiasmarla por los valores” ( E .Rojas)
  
4. – CON-VIVIR: EL MUNDO, la casa de la fraternidad universal.

     “Que no te deje indiferente la alegría ni el dolor de la gente”.
 La vocación de todo hombre es convertirse en ciudadano y hermano, atento y responsable
de todos los habitantes de la tierra.
    El amor humano y la caridad cristiana descubren y desarrollan una dimensión social y política: la voluntad de transformar el mundo en la gran casa de la familia humana, transformar la sociedad, sus leyes e instituciones, de manera que todo ciudadano vea respetados sus derechos fundamentales, le sean ofrecidos los medios y condiciones para un desarrollo personal integral y pueda hacer la experiencia de que la vida, su vida, merece ser vivida.  Surge así la fraternidad universal inseparable de la igualdad y la libertad, fuerzas motoras de la justicia y la paz.” La solidaridad es el nuevo nombre de la paz” (Juan Pablo II).

5.-  FELICIDAD, FECUNDIDAD, FIDELIDAD: nunca las separes, pues la realidad termina uniéndolas (casi) siempre. 
    Existe en todo ser humano un anhelo primordial de felicidad: más que un deseo es una promesa y una esperanza constitutiva del espíritu humano.
    La fecundidad y creatividad humana es fruto de la diligencia y de la fidelidad del ser humano a su vocación, a los valores en que cree y a las personas que ama. Y esa fecundidad es parte constitutiva de la felicidad presente, siempre relativa, y promesa de una felicidad plena en el futuro.
La fidelidad es, pues, la semilla que sembramos cuyo fruto es la fecundidad y la felicidad
  .
6.-LAS HERIDAS Y SU BÁLSAMO: Sea tu bálsamo el agradecimiento y el perdón, jamás el resentimiento.
  “El otoño siempre hiere” (R. Guerra Garrido); en realidad hiere, o puede herirnos, cualquier tiempo, cada momento que vivimos y “Cada uno esconde en su mundo íntimo su mejor instante, y su hora más terrible” ( E. Evtuchenko)
 Somos frágiles y vulnerables: buscamos el cariño y las caricias, pero también encontramos en los otros y en nosotros la indiferencia, la agresividad, el rencor, la incomprensión y la violencia que nos hieren.
     El resentimiento, el rencor envenena el corazón y mata la vida, no puede, pues, aliviar el dolor de nuestras heridas ni eliminarlo; sólo el perdón, el perdón ofrecido y el perdón implorado, nos reconcilia, sana el corazón y renueva la vida. El perdón auténtico va siempre acompañado del buen propósito y el mandato correspondiente: no hagas daño, no hagas más pesada la carga difícil de la vida a tú prójimo.
    En la oración cristiana después de pedir el “pan nuestro de cada día” para poder vivir, inmediatamente pedimos, y ofrecemos, el perdón para convivir como hermanos, hijos del mismo Padre.
 “Gracias a la vida que me ha dado tanto”: deberíamos saludar la llegada de cada nuevo día con un canto de gratitud;  el agradecimiento por el regalo, por  los regalos de la vida,  es la raíz y el impulso del “per-Don” que anula  las deudas, que cura  las heridas.


6.- SER Y TIEMPO: Cultiva tus recuerdos y vive de la esperanza, y de la paciencia.

       “Quien espera el triunfo de la justicia o la venida de Jesucristo a la tierra vive más intensamente que quien no espera nada (A .Moravia). La esperanza como pasión de un futuro mejor transforma y enriquece la vida, la eleva. Se dice de la esperanza que es la virtud, o la pasión, propia de la juventud, pues el joven tiene mucho futuro por delante y mucha energía interior para transformar el futuro, mientras que el anciano estaría condenado vivir del recuerdo. 
  Re- COR- dar es  como dar siempre de nuevo  nuestro corazón a las personas que queremos acogiéndolas y recogiéndolas tiernamente en él, y es revivir  en este instante los momentos de la vida que merecieron ser vividos y que alcanzan así una nueva actualidad, alcanzan su plenitud. Cultivar los recuerdos significa reavivarlos transformándolos no en nostalgia de la vida pasada sino en esperanza, en la esperanza básica de que todo lo que hemos vivido es sólo una promesa de una plenitud en nuestro  futuro y en el futuro absoluto de Dios.
  Así pues toda vida, la del joven y la del anciano, se enriquece e intensifica con el recuerdo y la esperanza.  Y no está el hombre en el otoño de su vida condenado a vivir de sus recuerdos mientras el joven vive de la esperanza; más bien la esperanza entusiasta, impaciente e idealista del joven si es auténtica está destinada a transformarse en el anciano en esperanza paciente, magnánima y perseverante.
  La esperanza es inseparable de la paciencia,  ”que todo lo alcanza”, o son la misma dama  con vestidos diferentes: “La paciencia es la esperanza vestida de diario, la esperanza es la paciencia vestida de fiesta”: no está mal el dicho.
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Y ahora una divagación: puedes ahorrártela, amigo lector.
 Recordar y esperar son dos formas diferentes de vivir nuestra temporalidad, el tiempo constitutivo de nuestro ser.
  “Somos el tiempo que hemos vivido”, piensa el anciano, cargado de años y se sumerge en el recuerdo de los buenos momentos vividos. “Somos el tiempo que nos queda” proclama el joven rebosante de energías y de esperanza y concluye: la mayor generosidad con el presente y el pasado es entregarse con entusiasmo al futuro. “Somos el tiempo del momento presente”: el pasado se ha ido, el futuro no llegó todavía. Vive con intensidad el instante presente: la mayor generosidad con el pasado y el futuro es entregarlo todo al presente, enseña el sabio.

6.- VIVIR Y MORIR: pre-morir, renacer: Recuerda que vas a morir, vive intensamente.

  Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar que es el morir” (Jorge Manrique)
La muerte siempre está cerca, a un solo paso: “Puedes morir hoy, en este instante quizá. Por eso: vive este día con ilusión y entusiasmo como si fuera el primero de tu vida, con seriedad y responsabilidad porque puede ser el último, con intensidad como si fuera el único.
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 (Y ahora divagamos de nuevo): Esta noche duérmete pensando que tu sueño es como una pequeña muerte: se cierran los ojos y desaparece la luz que contemplaste por primera vez en el momento de nacer; será como   pre-morir; mañana tus ojos, abiertos de nuevo, contemplarán otra vez la luz de este mundo: será como un renacer o como un resucitar. Y llegará una última noche y te introducirás en su oscuro seno pero le seguirá un nuevo y definitivo despertar: será la resurrección, renacer a una vida nueva, transformada, Mientras tanto escucha y medita el mensaje: “Con la muerte la vida no termina, se transforma”.
      Dormir y despertar son símbolos que nos posibilitan una especie de experiencia, simbólica, del pre-morir, renacer y resucitar. También, o sobre todo, la muerte de los seres queridos. Cuando muere uno de ellos desaparece de nuestros ojos su figura, termina su apariencia, su aparecer visual y, a la vez, su presencia interior, que siempre nos habitaba por el amor, se renueva radicalmente, se hace infinitamente más intensa, más profundamente interior y, por otra parte, nosotros comenzamos, a habitar de forma nueva  en el mundo del absoluto misterio a donde pasan a morar definitivamente las personas amadas al morir. La vida no termina, se transforma: de manera definitiva la vida de los que abandonan esta tierra; de manera nueva e incipiente la vida de quienes permanecemos unidos a ellos por el amor.

9._DIOS CON NOSOTROS: creer, esperar, amar. Reserva cada día un instante para Dios.

     Dios es el fondo, la cumbre y el horizonte último de nuestras aspiraciones infinitas  y relaciones profundas. El hombre es un ser de relaciones, creado para el encuentro: se realiza plenamente en la apertura y encuentro con otro tú personal cultivando las actitudes de acogida  y entrega mutuas. Dios es el Tú personal absoluto en cuya acogida y entrega mutua el ser humano alcanza la plenitud de ser.
Superior summo meo, intimior intimo meo” escribió san Agustín: totalmente por encima de lo más elevado en mí; más interior e íntimo que lo más íntimo mío. Dios, absolutamente trascendente y lejano, se hace presente en todos nuestros instantes invitándonos a gozar de su presencia amistosa e íntima. Eso es la verdadera religión: “ligar”, religarse amistosamente con El, experimentándonos religados a quien es el fundamento y el impulso y horizonte de todas nuestra aspiraciones y relaciones, porque cada relación con un tú humano evoca el Tú eterno y desemboca en Él. Por eso la verdadera religión hace que aflore lo mejor que se esconde en el corazón humano.  ………..
(Comienza otra divagación): A quien escucha su voz interior, Dios le dice: Yo soy tu Dios: no temas, confía: eres aceptado: yo soy tu pastor, tu aliado, tu Padre y amigo. Yo te acojo como hijo bien amado en mi Hijo unigénito, y si te comportaras como un hijo pródigo, confía: mi misericordia es infinitamente superior a prodigalidad. Yo me entrego a ti: te entrego a mi Hijo para que puedas ser hijo en el Hijo, y te entrego a mi Espíritu, para que derrame mi amor en tu corazón, transforme tu ser, y puedas amar como eres amado y entres en la comunión de vida t del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Yo prometo acoger tu entrega cada día y última entrega y así podrás contemplarme cara y ver lo que el ojo humano nunca vio: la gloria de Dios y tu propia gloria.  Y el creyente cristiano responde a Dios, con su voz interior: Yo te acojo y reconozco como mi Dios, mi creador, salvador, aliado, amigo y acojo tu creación y tus creaturas, a todos los hombres como hermanos como hijos tuyos; yo me entrego a ti a tu creación, a Tu Hijo, a tus hijos; yo te prometo y espero abandonarme confiadamente a ti ahora y en la hora final ……………………………………………………………………….
  Por la fe reconoce y acoge el hombre a Dios como Padre en Jesucristo y acepta las promesas y exigencias de su amor. La caridad es comunión afectiva de amigos entre Dios y el hombre: el creyente comienza a amar como Dios ama y se convierte en testigo e instrumento por medio del cual el amor de Dios se hace presente, manifiesto y activo en el mundo. Por la esperanza tiende el creyente hacia la plenitud de la fe en el encuentro cara a cara con Dios, hacia la plenitud de la Caridad en la comunión definitiva con Dios.
10.- CELEBRAR. ¡Es Domingo, el día más luminoso, más hermoso: ” De su hoguera brilla toda la semana”.  (Himno de Laudes):                                                                                                                       ( No) trabajar, descansar, celebrar.
     El hombre trabaja durante la semana: cultiva la tierra, transforma el mundo, promueve la vida y así desarrolla sus facultades, se realiza y perfecciona como persona, y gana el pan “con el sudor de su frente”
El Domingo el hombre descansa y goza de su ocio y tiempo libre. No transforma el mundo, lo contempla y se extasía con su belleza, redescubre el rostro de sus seres queridos: juega, canta, danza: se “recrea” con la belleza del mundo y de alguna manera se recrea a sí mismo.
Y el domingo el hombre CELEBRA: ¿Qué haces poeta? Celebro”, responde R. Mª Rilke. Todo hombre es poeta: vive poéticamente cuando embriagado por la belleza del mundo, alaba, agradece y bendice. Homo oeconomicus que trabaja, homo ludens que juega, el ser humano es también el hombre festivo que celebra.
  En la liturgia cristiana la celebración  culmina en la comunión: escuchando la palabra  y comiendo el pan de vida el hombre entra en una especial comunión de  vida con Dios y con los hombres: con los miembros de la pequeña comunidad local que celebra, con  la familia de la Iglesia universal, con toda la humanidad que es la familia de Dios, también con los hermanos que pasaron por la muerte hacia la casa del Padre que celebran ahora la liturgia celeste: nuestra liturgia eucarística es sombra y símbolo, una participación misteriosa de la liturgia celeste.
    La comunión de la Iglesia en la eucaristía y la misión en el mundo. La comunión de los corazones y la solidaria, fraterna, comunicación de bienes es lo que constituye la primitiva comunidad cristiana donde “todos tienen una sola alma y un solo corazón”, comparten la mesa y la vida  de manera que “no hay  necesitados entre ellos”, y así la pequeña comunidad que celebra se convierte en germen, símbolo y anticipación  de la nueva humanidad reconciliada, transformada, solidaria, fraterna. La misa celebrada en la Iglesia se prolonga en la misión en el mundo ( Hch. 2,42-44ss; 4,32-36).

   Luis Lago Alba
  Salamanca: luislago@org



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