jueves, 30 de enero de 2020

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (CCCLXXXVI)





EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

 Por Antonio Esteban

Permítaseme tomar prestado a Marcel Proust el título genérico de una de sus obras. Me pareció oportuno porque ellas eran jóvenes, tenían la juventud por bandera y la luz de los quince   -o dieciséis o diecisiete años-    encendida en la mirada y, además, esperaban, porque a esa edad siempre se espera lo mejor y ellas, naturalmente, esperaban lo mejor de la vida. Esperaban, como no podía ser por menos, al príncipe azul que las haría cabalgar a lomos de su corcel blanco para llevarlas al país de las maravillas.

Lo que ocurre es que los príncipes azules casi nunca pasan cerca de las jóvenes ilusionadas. Lo hacen, dicen los cuentos de hadas, cerca de los castillos desde sus propios palacios que es en donde esperan las princesitas de verdad. Pero la ilusión no se pierde. Está ahí, aunque los príncipes no siempre se detengan y, a veces, pasen de largo. Tampoco importa mucho. Habrá, seguramente, otros príncipes que quizá no tengan sangre azul, pero que se detendrá; se bajarán del caballo; las subirán a la grupa y las llevarán al altar.

Eso, al menos es lo que esperaban las tres mozas elegantemente vestidas, una de ellas incluso con cintura de avispa que era lo que se llevaba en aquellos tiempos.
Ahí las tienen rozagantes, elegantes y vivas. Como ayer.

Manolita López, sobrina de Gemiro, el Polo, María Elena, la hija de Vicente y de Isolina y Gutis, la mamá de Emilio.

Una foto de ayer que, seguramente, pondrá sonrisa de nostalgia en los rostros de las tres mozas de la villa, cuando se contemplen como en un espejo sin azogue. La vida tiene siempre estas sorpresa:. verse, años después, tal y como eran.

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