Era una de sus hijas quien me comunicaba esta tarde la terrible noticia del fallecimiento de José Antonio Rodríguez Alba. La gente de nuestra común generación le recordará por el apodo Hijo de Lupe; como lo era en realidad, su madre se llama Lupe y regentaba una mercería entre lo que actualmente es Farmacia de María y la tienda de ortopedia frente a la iglesia parroquial de Cacabelos.
Aún sin haber podido asimilar esta mala nueva, quiero recordar a quien desde la infancia fue amigo con el que pasé muchas horas de juego en los soportales de la Plaza y en el mismo jardín. También compartimos estudios durante los primeros años de Bachiller en la escuela de don Marcelino. Estudios que posteriormente continuamos en León internos en el Colegio de los Agustinos y donde él destacó como uno de los mejores alumnos. José Antonio estaba dotado de una extraordinaria inteligencia. No dudo que en los tiempos actuales sería considerado alumno de altas capacidades.
Continuó con éxito estudios universitarios en Barcelona a donde se había traslado el resto de la familia: Lupe, Rutilio y su hermana Maribel. Allí formó una entrañable familia y allí seguía viviendo hasta esta fatídica fecha.
José Antonio llevaba a Cacabelos en el alma. Intentaba visitarnos al menos una vez al año, siempre muy interesado por el devenir local y comarcal. Aprovechaba –con Gloria, su mujer- sus días de estancia visitando lugares del Bierzo y a su familia residente en Cacabelos, Villabuena y Villafranca.
Este verano ha sido el último. Pude disfrutar de su compañía durante las fiestas de San Roque, viendo el eclipse desde San Bartolo, de tertulia por la noche en alguna terraza y alrededor de una mesa en la que sería nuestra última comida juntos la víspera de partir para Barcelona.
Siempre estarás en mi corazón, querido amigo.

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