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| Diecinueve niños tomaron hoy su Primer Comunión en Cacabelos |
Texto leído por Lara Luna, catequista de la Parroquia, en el día de hoy:
Queridos niños, familias, catequistas, Don José Luis:
Parece que fue ayer cuando empezamos el curso de catequesis. Ya han pasado tres años desde que llegasteis a La Parroquia de Santa María, para empezar este camino tan bonito y pedirnos que os ayudásemos a preparar a vuestros hijos para recibir la Primera Comunión.
Lo primero, quería agradeceros a vosotros padres, vuestra colaboración, por la confianza que habéis depositado en nosotras, y sobre todo por vuestra entrega constante, por vuestro ejemplo, por vuestra presencia silenciosa y fiel. Han sido unos años intensos de clases, oraciones, celebraciones, misa los domingos, excursiones… Sabemos bien el esfuerzo y la colaboración que eso requiere.
Todos queréis para ellos lo mejor y, sin duda, lo mejor que les habéis dado es poder conocer y amar a Jesús.
Cada semana era una alegría esperarles, entrar con ellos en la Iglesia, cantar, rezar y luego hablarles de Jesús. Hemos rezado con ellos y por ellos. Les hemos querido y nos han querido.
Y a vosotros, niños: Con vuestra sencillez, nos habéis hecho recordar el valor de lo esencial, con vuestra sonrisa, a ser generosos, con vuestra vitalidad, a ser pacientes; en una palabra: a ser mejores. Habéis sido maestros sin saberlo, y cada uno de vosotros ha dejado huella en nuestros corazones.
Antes de despedirme quería agradecer a Don José Luis, por su entrega incansable y por su alegría contagiosa.
Hoy quiero dedicar estas palabras al sacerdote Don José Luis, alguien que, con su ejemplo y su forma de ser, ha dejado una huella muy especial.
• Gracias por enseñarnos el verdadero valor del amor y la entrega hacia los demás.
• Gracias por su apoyo y sus consejos, que nos ayudan a seguir adelante en los momentos difíciles.
• Gracias por su sinceridad, humildad y la confianza que transmite a cada persona.
• Y gracias porque, siempre está ahí, para ayudar y escuchar a los demás.
Que Dios lo siga bendiciendo y acompañando siempre en su camino.
Y ahora ya sí que me despido que ya empiezan a sonar las tripas…, pero no sin nombrar a Matilde, Tere, al coro parroquial Virgen de la Asunción, a mis compañeras catequistas y a todos los que muchas veces en la sombra, hacen posible que nuestra parroquia esté siempre viva y acogedora.
Felicidades y enhorabuena, nos vemos el curso que viene.

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