miércoles, 19 de octubre de 2016

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (CCXL)



EN LA BODA DE REINALDO Y MARUJA
Por Antonio Esteban González
Reinaldo, un buen día, le dijo a Maruja que quería casarse. (O, tal vez, fue Maruja la que le dijo a Reinaldo que ella no quería ser la novia eterna del hijo del molinero; que se decidiese de una vez por todas y la llevase al altar porque e estaba preparadas para ser ama de casa; que sabía freír un par de huevos, zurcir unos calcetines o planchar, como nadie, una camisa ya que, bien sabido es, Reinaldo, que planchar una camisa no es cosa fácil. Y, además   -.le dijo-   te voy a hacer feliz). Y Reinaldo, dijo que sí. “Sí, Maruja, nos casamos””
 Y se casaron y ahí está la foto, testigo del momento. Él, Reinaldo, envarado, dentro de su traje negro y con el  nudo de la corbata bien hecho. Impecable. (A los nudos de corbata bien hechos se les llamaba “nudos Windsor”, como los que llevaba el Duque de Windsor, que, además, siempre vestía trajes “Príncipe de Gales” a cuadros con corbatas a juego)
Pero, además de la corbata, hemos de fijarnos en los pantalones, un poquito cortos y en el azahar, típico, en la solapa.
Ella, Maruja, la novia, vestía de negro como mandaban los cánones tradicionales de la época ya que, antes, hace años, las novias vestían traje negro y  falda por debajo de la rodilla, pudorosamente ya que el resto  -por encima de la rodilla- pertenecía  a su novio y nadie podía verlo, si no él.
La moda del vestido blanco, vaporoso o ajustado, llegó después, cuando las revistas del corazón impusieron los cinturones de pedrería, los zapatos de tacón imposible y otras necesidades creadas por la publicidad.
Hoy, cuando escribo esta historia de amor y me enfrento a una fotografía como esta, siento renacer la nostalgia porque se trata de un tiempo  ya  ido y, por eso, me emociona ver a Maruja con sus flores blancas,   -símbolo de la pureza de pensamiento, palabra y obra-  los pendientes a juego, el broche que cierra el escote, pudorosamente y, sobre todo, su mirada de novia enamorada.
La foto, tomada en ”El Molino” nos dice, que Reinaldo y Maruja se casaban en un otoño feraz con el mosto dulce de nuestras viñas, pronto a convertirse en vino.
Fue un día hermoso, como casi todos los días  de boda. ¡Ojalá cuando vean esta foto recuerden el momento en que se prometieron, hasta la muerte, una eterna luna de miel…¡.

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