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| David del Valle pregonero de la Semana Santa 2026 de Cacabelos |
PREGÓN SEMANA SANTA 2026
DAVID DEL VALLE
Cacabelos es sinónimo de muchas cosas, de fiestas, vino,
ferias, gastronomía y verbena. Pero Cacabelos también es Semana Santa,
Cofradía, hombro con hombro y Virgen de la V Angustia.
No sé qué tendrá Cacabelos, pero tiene algo. Algo que no se
ve, pero que se queda. Algo que huella y que hace que el que se va…, se muera
de ganas de volver.
Soy David del Valle, Maestro, Cofrade y sobre todo cacabelense.
Y lo digo con orgullo. Porque por cada cole, por cada pueblo y por cada aula
por la que paso, siempre hay alguien que me presenta igual: “este es David, el
de Cacabelos”.
Gracias, gracias de corazón por estar hoy aquí, por
acompañar, por sentir y por formar parte de este momento. Y gracias, de manera
especial, a la cofradía del Santo Cristo de la Plaza y Virgen de la V Angustia,
por confiar en mí para dar voz al inicio de la Semana Santa 2026. Es un honor
que recibo con humildad y con una emoción difícil de explicar. Desde muy
pequeño soñaba con este instante, con poder anunciar una de las celebraciones
más importantes de mi pueblo. Hoy ese sueño se cumple… y se cumple aquí, con
vosotros.
Pero sobre todo gracias a mi familia. Porque si hoy estoy
aquí, no es solo por mí, es por todo lo que ellos han sido y siguen siendo. Y
sobre todo por ti, mamá. Por cada vez que me enseñaste sin decir nada, por cada
sacrificio hecho en silencio, por cada abrazo que llegaba cuando más falta
hacía. Por estar siempre, incluso cuando parecía que no quedaban fuerzas. Hoy
entiendo que gran parte de lo que soy… te lo debo a ti, al igual que a mi padre
y a mi hermana.
Es difícil hablar desde este atril. No es la primera vez que
me subo aquí a leer. La primera vez tendría ocho años, en la preparación de mi
catequesis con los nervios de quien aún no entiende el peso de las palabras.
Tampoco fue la última, porque en mi confirmación también me tocó hacerlo desde
este mismo lugar.
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| Óscar Calixto, Hermano Mayor de la Cofradía y David del Valle |
Pero siempre es difícil. Porque hay lugares que imponen, no
por lo que son…, sino por todo lo que significan. Y hoy este atril pesa un poco
más. Hoy no leo lo que otros escribieron. Hoy intento poner voz a lo que llevo
dentro…, y a todo lo que he vivido.
Cierro los ojos y puedo ver mi infancia en Semana Santa. Puedo
ver a mi padre, costalero, saliendo temprano en Viernes Santo. Y yo, pequeño
pegado a la ventana, con el frío en los cristales y el silencio en la calle, esperando
a verlo pasar con el Nazareno. Puedo ver el Domingo de Ramos, con la palma en
la mano, intentando que no se doblara, como si de eso dependiera de que el día
saliera perfecto. Y puedo ver el Lunes de Pascua, con la ilusión de estrenar
algo nuevo.
Puedo escuchar el redoble de los tambores antes de verlos
llegar. Ese sonido que no solo se oye, sino que se siente. Al igual que las
procesiones atravesando las calles del pueblo, el paso lento, el incienso y a
la gente que sale cada año sin fallar, a los que miran desde las aceras con los
ojos brillantes o a los que vuelven solo por estos días, porque saben que
aquí…, algo les pertenece.
Y en mi caso, la Virgen de la V Angustia siempre ha ocupado
un lugar muy especial en mi vida.
Recuerdo perfectamente cual, al decidir opositar por segunda
vez, me hice una promesa en silencio: “si conseguía mi plaza, al menos una vez
tendría el honor de cargarla, de llevar con respeto y orgullo a la patrona de
Cacabelos”.
Y así fue. En abril de 2023, con mi plaza recién conseguida,
viví ese momento por primera vez como cofrade. Y recuerdo los nervios, el peso,
la responsabilidad compartida, la respiración contenida bajo el paso…, y esa
sensación imposible de explicar.
Y mira por dónde… aquí estamos, tres años después.
Porque la Semana Santa de Cacabelos, no es solo lo que se ve.
Es todo lo que hay detrás. Es el trabajo silencioso de todo un año, los
ensayos, las manos que preparan, que cosen, que cuidan cada detalle. Es la
unión, el compañerismo y el hombro con hombro que va mucho más allá de un paso.
Es tradición, sí. Pero también es legado. Es lo que recibimos
de quienes estuvieron antes que nosotros y lo que, sin darnos cuenta, estamos
dejando a los que vendrán.
Y en cada procesión, en cada imagen, en cada esquina del
recorrido…, va un trocito de todos nosotros. Va nuestro esfuerzo, nuestra fe,
nuestra historia y nuestra manera de entender lo que significa ser de
Cacabelos.
Por eso, si cierro otra vez lo ojos, veo la Iglesia de la
Plaza llena, en silencio, esperando. Veo las luces calidad, las velas
encendidas y los pasos avanzando despacio como si el tiempo aquí fuese
distinto. Veo a la gente mirando en la misma dirección, compartiendo un mismo
sentimiento.
Y veo algo más: veo a un pueblo que se reconoce a sí mismo en
lo que celebra. Porque Cacabelos no es solo un lugar, es una forma de vivir…, y
de volver. Un sitio donde uno puede irse lejos, pero nunca del todo. Porque
siempre hay algo: un recuerdo, una banda, una procesión o una mirada que te
acaba trayendo de vuelta.
VIVA LA SEMANA SANTA DE CACABELOS.
VIVA LA VIRGEN DE LA V ANGUSTIA.
Y VIVA LA COFRADÍA DEL SANTO CRISTO DE LA PLAZA.
Muchas gracias, que comience la Semana Santa, porque
Cacabelos, una vezmás… deja huella.


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