martes, 29 de noviembre de 2016

Gelo, una vida derrochando generosidad



Ángel Quiroga López, Gelo el Oso


Qué fácil es pedir a Gelo que te cuente algo del pasado. Su magnífica memoria y la facilidad para narrar minuciosamente cualquier historia o anécdota, a las que se unen las ganas de contarlas, consiguen apasionarte con la narración. Así, sentados uno frente al otro, bien en el jardín de su casa o bien en el interior si el atardecer refrescaba el ambiente,  charlábamos –mejor dicho, charlaba él- hasta que el reloj aconsejaba iniciar la retirada. Eran los primeros días de otoño.
Sus primeros recuerdos están localizados en la calle Cimadevilla, donde nació hace ya setenta y ocho años: los juegos, las travesuras y los primeros trabajos en la huerta familiar. La calle empedrada, sin saneamiento, sin agua…
-Cuando pusieron la cañería fue un acontecimiento, tenía 8 o 10 años,  les dije a los obreros que deberían profundizar todo lo que pudieran para coger buen desnivel. Me preguntaron socarrones a qué escuela había ido para saber tanto. Les contesté que a la don Augusto y que no había salido de Cacabelos  pero que había oído decir que hay que hacer las cosas bien desde el principio. Luego reconocieron que yo tenía razón.
Comenzaba ya a asomar el Gelo contestatario sabiéndose en posesión de la verdad o rebelándose ante la injusticia.
Gelo agachado, con gorra, en una de la primeras fiestas de la vendimia
Su pasión por el fútbol comenzó muy pronto, con catorce años jugaba y colaboraba en la preparación del Campo de San Isidro:
-Me gustaba el fútbol. El padre de Oscuro nos pidió a unos chavales traer grama de hierba desde San Bartolo para San Isidro. No hicieron caso de mi advertencia a la hora de colocarla para que absorbiera bien el agua. Al primer partido se levantó.
Teníamos cinco equipos en Cacabelos: La Unión, San Isidro, Casablanca, San Antonio y otros que por no tener ni nombre tenían, les llamaban “los desnudos”. Jugaban con pantalón y camisa de calle.
Yo jugaba en el San Antonio. El nombre lo puso Luso que se había comprometido a ayudarnos. El que destacaba pasaba al San Isidro. En un año nos llevaron a cinco para el San Isidro.
Recita los nombres de los jugadores más significativos de su juventud:
-Se formaban unos equipos magníficos en Cacabelos: Alfredo, Carlitos, Manolo Peleguín, Viruta, Amancio…
Entierro de la sardina: ¿quién será esa dama enlutada?
Los tiempos escolares permanecen también muy vivos en su memoria:
-Yo fui a la escuela de don Augusto, el abuelo de tu cuñado (me aclara). Estaba en la Calexa Sixtina. En invierno nos mandaban a la escuela, pero en la primavera y otoño íbamos a trabajar. Había muchas rencillas entre los barrios…que si eras de Cimadevilla, de la Plaza, del Campo.
Los de la Plaza tenían pelota, nosotros no. Nos peleábamos para que nos dejasen jugar. Lo hacíamos en la calleja de la Pizzería. A uno le echamos a un pozo negro por no dejarnos jugar.
Gelo siente pasión por el fútbol, pero no como hincha de un equipo, sino del fútbol de su juventud en Cacabelos.
Gelo con buena compañia tomando el vermú en el bar de la Corina
-Las primeras botas que tuve fueron robadas a unos árbitros, se las había prestado Manolín que era el encargado del campo. Para que no las reconociese les cambiamos la costura de los tacos y salimos a jugar. Pero Manolín se dio cuenta y me preguntó: ¿de dónde sacaste esas botas? ¡Me las trajo mi cuñado de Barcelona! Le contesté. Seguro que no me creyó. No teníamos nada.
-¿Quién no tiene grabada tu imagen preparando magostos para los niños en el patio del Colegio y repartiendo pacientemente las castañas asadas?
Un día del pincho del peregrino Gelo preparando bocadillos
-Yo empecé a hacer magostos para el Ayuntamiento estando Santos de alcalde. Habíamos hecho con él algo de fontanería y soldadura. Hicimos unos tambores que nos parecieron que valdrían para asar las castañas, eran grandes, ¡burro grande, ande o no ande! Con Prada preparé unas parrillas con las que hicimos el magosto delante de la Iglesia con don Dámaso. En las escuelas por lo menos estuve quince años haciéndolo.
No podíamos olvidar  su faceta de músico, primero en la charanga y después en la banda de trompetas de la Parroquia.
Con Conchi que luego sería su mujer
-Eso surgió un año por carnaval. Para hacer algo distinto. Era una banda de música vestidos con calzoncillos largos. Estaba Mito, Samuel, Lola, Gelín con seis años. Llevábamos hasta el agente para hacer los contratos. La cosa siguió y tuvimos la idea de formar una charanga. Contratamos hasta un profesor para que nos enseñara música. Primero fui turuta y después toqué el bombo.
Sus ganas de ayudar al prójimo le llevaron a crear “el pincho del peregrino”, una singular iniciativa que lograba rotular en el corazón  de los peregrinos el nombre de Cacabelos.
-Me gustaba ver pasar a los peregrinos y  me di cuenta que algunos necesitaban ayuda. Yo ya estaba enfermo. Llevaba agua y sal al Campo de San Bartolo para que pudieran meter los pies y descansar. Hablé con el Ayuntamiento porque creía que había que darles algo más. Yo pensé en unas sopas y se los dije a Sergio Santín, el alcalde: ¿Qué necesitas? Me contestó. Se me abrió el corazón. Con que me paguéis los ingredientes vale. Hablé con la Cooperativa: Un vasín de vino le viene como dios al peregrino, les dije. Me regalaron el vino…Así empecé.
Cada año Gelo declaraba en verano un día del pincho del peregrino. Subía al Campo de San Bartolo –los últimos años con Toño el Pediñón de asistente-donde atendía a decenas de sorprendidos peregrinos que se veía agasajados antes de entrar en Cacabelos.
- También me ayudó Santiago cuando estuvo un tiempo de alcalde al morir Morete. Tu hermano Víctor nos regaló en la farmacia un botiquín, La Moncloa nos daba empanadas y tortillas, el Vasco  hacía un precio especial para un jamón y nos regalaba chorizo y salchichón para hacer pinchos.
¡Cómo para olvidar el nombre de Cacabelos!
"Si no puedo ir andando al entierro de la sardina, voy con el coche"
¿Cuántas horas pasaría Gelo dentro del Belén viviente trabajando y enseñando a los niños a modelar la madera? Un año tras otro ha formado parte de los  personajes tradicionales al lado de la Virgen, San José y el Niño. Y el cinco de enero, como el soldado más fiel, ha esperado al pie de la hoguera de la plaza de Santa Lucía el paso de la cabalgata de Reyes para entregar a cada niño participante un recuerdo en madera nacido de sus manos artesanas. ¿Y en San Isidro? También Gelo ejerce de agricultor agradecido y, a veces reivindicativo, con su chispín y el remolque cargado de niños.
Te recuerdo, le digo, en el interior de la Plaza de Abastos presentando la Asociación de voluntarios Flavium hace ya unos años.
Vendiendo sus artesanías solidarias para Voluntarios Flavium
-Nos había hablado Samuel de las asociaciones para ayudar a los más necesitados. La primera presidenta fue Paqui la de Peña, estaba Toñín Canuta, Jose Carpante, Choni Carocas, Conchi…Nacimos con la idea de pedir para dar a la gente necesitada. Teníamos reuniones con Diputación. Luchamos por tener un local. Pensamos en el del tabaco, pero todo fueron dificultades, ahora ya tenemos el antiguo de la Cruz Roja.
Asando castañas en uno de los magostos del Colegio
Por razones de salud está obligado a llevar una vida más tranquila. Atrás han quedado sus años de trabajador precoz (a los 8 años ya ejercía de pastor), los primeros pasos como albañil antes de ir a la mili a Ceuta (18 meses sin venir a casa), la boda con Conchi, sus hijos Conchi y Gelín…el andamio, siempre el andamio hasta que el corazón le pidió un tiempo de tranquilidad. Y él ha llenado ese tiempo esforzándose en ayudar a los demás y en hacer felices a los niños.
Recibiendo la corona de laurel en el homenaje de Ludus Bergidum

-¿Por qué te llaman el Oso, Gelo?
-Ya se lo llamaban a mi padre, yo lo heredé.
Heredó el apodo de su padre y la fuerte complexión de cuerpo, de ahí lo del oso, en este caso un oso de peluche, un oso bueno.
Este jueves recibirá de sus compañeros de  la Asociación de voluntarios Flavium un homenaje durante la celebración del “Café solidario” que se suma al de  2015 cuando Ludus Berdigum reconocía su labor en la fiesta de recreación histórica.
¡Te lo mereces!

4 comentarios :

  1. Gracias Carlos,has hecho muy feliz a mi padre.

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  2. Te mereces esto y más.Tengo muchísimo afecto por Gelo y su familia.

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  3. Yo no recuerdo un magosto del cole sin Gelo (tengo 32 años). Un grande de este pueblo, ojalá hubiese muchos más como él.

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  4. Gelo te lo mereces todo eres un ejemplo a seguir.Te mando un fuerte abrazo, el domingo iré a jugar con la billarda que tu me regalaste, Pepe

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