domingo, 3 de octubre de 2021

Con la jubilación de Carlos se va el último pulpero de Cacabelos

Cociendo los últimos pulpos el pasado día 29

Cacabelos nunca tuvo puerto ni mar que justificasen la abundancia de pescaderos y pulperos –sobre todo pulperas- que ha dado nuestra villa. También nuestro pueblo ha gestado buenos pescadores de caña y otras artes…pero esa es otra historia.

Olimpia
Desde aquella “plaza de abastos” al aire libre en lo que hoy llamamos Plaza del Vendimiador, hasta las seis pescaderías abiertas en la plaza cubierta de la calle Santa María, fueron varias las familias dedicadas a la venta de pescado. Incluso algunas acercaban la mercancía a pueblos cercanos usando como medio de transporte la bicicleta. Pienso en Alberto, Bernardo, Leandro (con motocicleta al final) … El “camión de la ruta” dejaba el pescado de madrugada procedente de La Coruña. Los destinatarios lo repartían: una parte para vender en el puesto y el resto se iba en las plataformas de madera colocadas sobre el portabultos de la bicicleta. En ocasiones, cuando la nieve del puerto de Piedrafita impedía el paso, las cajas de pescado llegaban a la cercana estación de Toral de los Vados  y allí debían recogerse.

Y esa tradición de buenos pescaderos acompaña también la fama de los pulperos de Cacabelos conocidos muy bien por toda la comarca y provincias vecinas. No se concibe acercarse a nuestras ferias si no es para tomarse casi obligatoriamente una buena tapa de pulpo. Algunos añadían la oferta de chicharros, besugos y pescadillas escabechados. Incluso peces del Cúa, como cuenta José Ramón que preparaban sus padres con los que él pescaba siendo adolescente.

Vídeo

 


Podría decirse incluso que han existido verdaderas sagas de pulperos cacabelenses. Y hasta  afirmar que una mayoría de los que hemos conocido proceden de un tronco común: casi todos están enlazados familiarmente además de haber tenido la misma profesión.

Dolores y su hermana Pilar/Archivo de Pepe Couceiro
Vicenta, Leandro y su José Ramón, su hijo, en el Campo de San Isidro


Emiliana preparando una pulpada en el jardín de las Angustias

No es difícil hacer memoria y recordar… Delante de los soportales se colocaban las grandes ollas de cobre calentadas años atrás por mañizos de sarmienta. Con el paso de los años por allí pasaron Olimpia, la Mioca, su hija Maruja, Dolores la Dieguilla y su hermana Pilar, Aníbal Peleguín, Milanos, Vicenta y Leandro en el Campo, Aquilina (madre de Carlos), Emiliana y, finalmente, Carlos.


Carlos Rodríguez, el último pulpero cacabelense se ha jubilado. Sus últimas calderas de pulpo las coció y sirvió el pasado día 29, día de San Miguel. En esa fecha tan señalada de las ferias de Cacabelos ha dicho adiós a su puesto quien durante treinta y tres años se situó delante del Banco de Bilbao ofreciendo ese delicioso manjar de ocho patas. Sin su presencia las ferias no eran ferias.Y con enorme éxito gracias también a Manola, colaboradora indespensable durante todo este tiempo.

Lo echaremos de menos, como también lo harán los días de mercado en Villafranca y los domingos en Fabero.

No quedarán las ferias sin pulpo. El lugar de Carlos será ocupado por otro experto pulpero de Baralla, también con amplia tradición familiar.

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